Columna de Reflexión | Mujeres en la investigación: la paradoja de la excelencia invisibilizada en la Región de Coquimbo

Por: Carolina Salinas Alarcón, Doctora en Educación. Directora Proyecto InES Género, Universidad Católica del Norte- Región de Coquimbo. 

“La ciencia no tiene género, pero la historia sí”, Rosalind Franklin. 

En Chile, y particularmente en la Región de Coquimbo, la participación de mujeres en investigación científica enfrenta una paradoja que se repite año tras año: ellas son mayoría en la matrícula universitaria de pregrado, pero su presencia disminuye drásticamente en los claustros académicos, en los núcleos de investigación y en la adjudicación de proyectos competitivos como Fondecyt. Según la Cuarta Radiografía de Género en CTCI (2025), apenas el 35,8% de quienes realizan investigación en el país son mujeres, y en áreas STEM la cifra es aún menor. Esta brecha no responde a falta de interés ni de vocación, sino a requisitos y condiciones estructurales que resultan prácticamente imposibles de cumplir en un sistema que invisibiliza la conciliación y naturaliza el trabajo doméstico académico.

El concepto de trabajo doméstico académico (ese cúmulo de tareas invisibles como tutorías, comités, organización de eventos, acompañamiento estudiantil y labores administrativas) recae de manera desproporcionada en las investigadoras. Mientras los indicadores de productividad se miden en publicaciones y proyectos adjudicados, gran parte del tiempo de las académicas se consume en estas funciones de cuidado institucional, que rara vez son reconocidas como mérito. El resultado es un círculo vicioso: menos tiempo para investigar, menos publicaciones, menos posibilidades de cumplir con los exigentes criterios de postulación a fondos competitivos.

Los relatos recogidos por mujeres en CTCI, muestran con crudeza esta tensión. Investigadoras STEM narran cómo la maternidad, la triple jornada y la cultura masculinizada de la ciencia las obligan a sostener trayectorias no lineales, llenas de pausas y bifurcaciones, teniendo que elegir entre sus proyectos profesionales y proyectos personales. Estas experiencias no son aisladas: reflejan un patrón estructural que explica por qué tantas mujeres quedan fuera de los claustros y de los núcleos de investigación, incluso cuando poseen méritos equivalentes o superiores a sus pares masculinos.

En la Región de Coquimbo, este fenómeno se agudiza por las condiciones territoriales. La centralización de recursos en Santiago obliga a muchas investigadoras a desplazarse o a sostener carreras desde la periferia, con menos acceso a redes de colaboración y financiamiento. La falta de políticas de apoyo a la conciliación y la escasa corresponsabilidad en el cuidado refuerzan la idea de que la ciencia exige disponibilidad absoluta, un modelo que se vuelve incompatible con la vida cotidiana de muchas mujeres.

La baja participación femenina en proyectos de investigación y desarrollo tecnológico no solo es un problema de equidad, sino también de calidad científica. Cada proyecto que no logra ser liderado por una investigadora significa perder una perspectiva distinta, una mirada enriquecida por experiencias que podrían aportar soluciones más inclusivas y representativas. En un territorio como Coquimbo, marcado por desafíos en agua, minería, biodiversidad y desarrollo social, excluir esas voces es limitar la capacidad de la región para generar conocimiento pertinente y transformador.

A modo de cierre, la pregunta que debemos hacernos no es por qué las mujeres no postulan o no lideran proyectos, sino por qué el sistema sigue exigiendo condiciones que ellas no pueden cumplir sin sacrificar otras dimensiones de su vida. La excelencia académica no puede seguir definiéndose bajo parámetros masculinizados que invisibilizan la conciliación y el trabajo invisible. La Región de Coquimbo tiene la oportunidad de liderar un cambio: construir un modelo de investigación que reconozca la diversidad de trayectorias y que valore el aporte de las mujeres en toda su complejidad. Porque la verdadera innovación no está en repetir fórmulas, sino en abrir espacios para que todas las voces puedan construir ciencia desde y para el territorio.