Columna de reflexión | Cuando la ciencia se vive: el rol de los museos en despertar vocaciones científicas desde la infancia

octubre 13, 2026

Por: Anabell Mackarena Lafuente Cáceres, Curadora jefa, Departamento de ciencia e investigación. Museo de Historia Natural de Valparaíso. Servicio Nacional del Patrimonio Cultural.

Generalmente la ciencia suele presentarse asociada a fórmulas y laboratorios distantes, sin embargo, mucho antes de aprender a nombrarla, la indagación habita en las preguntas cotidianas de la niñez: ¿por qué llueve?, ¿Cómo respiran los peces? o ¿Qué había aquí antes de nosotros?, la curiosidad es el germen primigenio del pensamiento científico, y la infancia es la etapa donde florece con mayor naturalidad.

Al reflexionar sobre el papel del museo en despertar vocaciones científicas, resulta ineludible remontarse al origen del Museo de Historia Natural de Valparaíso (MHNV). Fundado en 1878 por el educador Eduardo de la Barra en dos salas del Liceo de Hombres de Valparaíso, nació como un laboratorio educativo para enseñar biología a través de especímenes y conocer la flora y fauna regional. Esta institución, germinó con la misión de aproximar las ciencias a la comunidad, generar preguntas, reflexiones y encantar a niños, niñas y jóvenes para que abracen el estudio de carreras científicas.

En este escenario, los museos de ciencias e historia natural cumplen un rol que excede la mera conservación de piezas, constituyéndose como espacios educativos no formales con atributos singulares respecto al aula tradicional, al incorporar elementos interactivos y colecciones. Frente a un fósil, una especie taxidermisada o una muestra arqueológica, las infancias no son receptoras pasivas, pues se encuentran con evidencias concretas del entorno en que habitan.

Acercar la ciencia a las infancias es crear condiciones para explorar, preguntar, equivocarse y construir explicaciones propias. Una vocación no siempre nace con la certeza de querer dedicarse a la investigación, nace, con frecuencia, de una experiencia significativa, una visita guiada, el diálogo con un/a investigador/a o el asombro ante un espécimen observado a escasa distancia.

En esta tarea, es fundamental comprender que el museo no es un espacio aislado, sino que dialoga y se articula permanentemente con la academia, las organizaciones civiles, sociales y comunitarias, alianzas que nutren de forma continua la programación del museo con actividades y experiencias educativas que permiten ampliar las miradas sobre las ciencias, la historia de nuestro territorio y el medio ambiente. Estas colaboraciones se vuelven clave para la diversificación de experiencias, expandiendo las temáticas disponibles para poner en valor, discutir y reflexionar colectivamente, un asunto prioritario dentro de la visión y labor museal.

Resulta gratificante escuchar en conversatorios o encuentros a profesionales que señalan: «Desde niño venía al museo, sus salas y colecciones me cautivaron, y gracias a eso hoy soy biólogo/a, geólogo/a, paleontólogo/a o arqueólogo/a”.

En camino a cumplir 150 años de su fundación, el equipo del MHNV mantiene intacto su compromiso de sembrar semillas de curiosidad, lo cual se manifiesta en cada actividad y quehacer de las áreas que lo conforman. Asimismo, buscamos ayudar a diversificar los referentes científicos, visibilizando el trabajo de mujeres y hombres, investigadoras/es y profesionales jóvenes de diversos territorios, entendiendo que promover vocaciones no solo busca incrementar el número de especialistas, sino cultivar una ciudadanía crítica capaz de evaluar la evidencia y aportar soluciones a los desafíos actuales de nuestro entorno.

Quizás la pregunta más relevante para un museo no sea cuánto contenido recuerdan niñas y niños tras su visita, sino qué pregunta se llevan consigo, ya que, una vocación científica comienza cuando alguien descubre que su curiosidad importa. Cuando la ciencia deja de ser distante y se transforma en una experiencia viva, compartida y territorial, el museo se convierte en ese espacio donde las infancias no solo aprenden sobre la naturaleza y la sociedad, sino que comienzan a imaginarse como protagonistas de su comprensión y cuidado.